De todo un poco

Hay piedras en el cielo y son para el trueno

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Situación. La mujer se encuentra sola en el mundo, el hombre no está allí trabajando de espejo social. Las mujeres aprenden de sí mismas y se desarrollan como mujeres completas con el sustento puro de su individualidad, sin el pesado y a veces grosero poder ejercido por el mamífero a veces pensante de pene y testículos. Lógicamente es imposible, pero las ciudades modernas se encargaron de volver las cosas lentamente a “zero”. Tímidamente unas y otras reniegan de la condición desfavorable a la que se la condujo a través de la historia. Luego del revolucionario feminismo del siglo pasado, comienza a proyectarse una especie de “mujerismo”. La niña que imita al chimpancé durante casi toda la vida, comienza a dar paso a una mujer que no se identifica del todo con esa propuesta subyugante. Todavía no saben bien quienes son, porque claro, se les vendió una identidad matriarcal durante tanto tiempo que es difícil escaparse de ella para verse finalmente desde afuera. Pero ya comienzan a reclamar su parte de iguales sin autoexclusiones, sin pancartas, sin neurosis. Están inventando su libertad. Se las puede ver en las oficinas, en los colegios, en las universidades, al frente de las vanguardias, en los museos, descartando cada vez más rápidamente las preocupaciones novieras de la secundaria, sin miedo a perder ni intenciones de ganar, aventuradas y hermosas como siempre, capaces de amar y de ser amadas en serio. Se las ve en el teatro haciendo unipersonales poéticamente irreprochables, exultantes de una belleza que aturde e incorpora.

El sábado 13 de mayo a las 21 en la Sala Nachman del Teatro Auditórium, El Rito Prohibido presenta su obra “Hay piedras en el cielo y son para el trueno” dirigida por Adolfo Nicolás Somavilla. Perla Lozargo se entrega de forma completa a la tarea de dar vida a todas las mujeres de la historia, lo hace con una filosofía de desato corporal, vocal y sexual al mejor estilo Janis Joplin. La formidable puesta en escena también se encuentra a cargo de Adolfo Nicolás Somavilla y la realización de la máscara es una labor de Alfredo Iriarte.

Escrita por Perla Logarzo, Francisco Redondo y la organización de textos de Laura Klein, “Hay piedras en el cielo y son para el trueno” cuenta con las inderrotables palabras de Armando y Enrique Santos Discepolo, Franz Kafka, Martín Buber, Jacobo Timmermann, Herman Hesse, Baruck Spinoza, Walter Benjamín, Samuel Beckett, Iosl Racover, RW Emerson, Alejandra Pizarnik,Giorgio Agamben, Carlos Drummond de Andrade, Julia Kristeva y El Cantar de los Cantares.

La música también encuentra una mezcla ecléctica pero poderosa a cargo de Nino Rotta, Voces del Tibet, Bernardo Santiago y Los Descontrolados de Barracas -Murga Porteña-, Alejandro Balbis, Lai Bach, Manuel Uriona,Pitu Cimino, Soledad Serra, Charly Page, Franz Zappa y Carlos Gardel.

Un espacio para la belleza en una imagen dinámica del mundo interno. Una proyección ambiciosa y muy bien lograda que no deja de sorprender sin culpas.

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¡Yo no les vendo, los contagio!

Jorge Vergara, empresario mexicano.

En una entrevista que la cadena de televisión FOX Deportes hizo al exitoso empresario mexicano Jorge Vergara, dueño de Omnilife (M), del popular equipo de futbolo soccer Chivas de Guadalajara y recientemente del equipo Saprisa de Costa Rica y a punto de comprar al equipo Atlético de Madrid, oí el siguiente comentario: ¡Yo no les vendo, los contagio!

En ese momento me di cuenta de la importancia de la palabra “contagio”. En si es un término médico para definir lo siguiente:

contagio. (Del lat. contagĭum).
m.

  1. Transmisión, por contacto inmediato o mediato, de una enfermedad específica.
  2. Germen, conocido o supuesto, de la enfermedad contagiosa
  3. Enfermedad contagiosa.
  4. Transmisión de hábitos, actitudes, simpatías, etc., a consecuencia de influencias de uno u otro orden.

De las acepciones anteriores la que nos ocupa es la cuarta. Jorge Vergara al decir que a sus clientes “no les vende, pero sí los contagia” da una definición clara de lo que es la mercadotecnia. Cuando uno vende un producto, una idea o xxx videos a sí mismo para un servicio, tiene más o menos éxito dependiendo de la actitud, la afinidad, la realidad y la buena comunicación y en esta última está comprendido el “contagio”.

Cuando logra comunicar (contagiar) el entusiasmo que usted tiene con respecto a un producto, servicio o tema, ya ha avanzado un 90% en el trabajo de ventas. Al “contagiar” su entusiasmo a una persona, va a iniciar una “infección” igual que una enfermedad.

El primer “contagiado” es usted y si quiere tener mucho éxito, debe hacer que el “contagio” crezca. Ese crecimiento se logra con la comunicación y será más efectivo si le pone los ingredientes esenciales.

Cuando tenga usted la carta de ventas, el anuncio, la charla preparada, el discurso, etc., lo que tiene que hacer es que a cada persona a la que “contagie” de su entusiasmo, tenga el deseo a su vez de “transmitir la infección” a otras personas.

Así es como funcionan los multiniveles. Los exitosos son los que logran contagiar a sus seguidores del entusiasmo originado por fotos porno. Al seguir difundiendo el “contagio”, todos ganan, los que solamente se dedican a reclutar (contagiar) nuevos miembros y los que se dedican a vender los productos o prestar los servicios.

Jorge Vergara después, dijo que invita a sus dirigentes a giras porque “los viajes ilustran”. Nosotros podemos tener mejor panorama basados en lo que encontramos viajando por el ciberespacio.

Observe bien como funcionan las empresas multinivel, lea algunos libros sobre el tema (ebooks), platique con personas que están involucradas en alguna empresa así. Estudie los sistemas de comisiones generadas por sus afiliados hasta varios niveles.

Cuando ya esté imbuido (contagiado) de sus técnicas y filosofías, aplíquelas en lo que está haciendo actualmente o planifique bajo ese contexto sus acciones futuras.

Les deseo éxito.

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un funeral de muerte, enredos escatologicos de una familia disfuncional

“Un Funeral de Muerte” (“Death at a Funeral”) narra las vicisitudes de Daniel (Matthew MacFadyen, “Pride and Prejudice” / “Orgullo y Prejuicio”), un abnegado hijo, quien ha de asumir la responsabilidad de llevar adelante los preparativos de rigor correspondientes al funeral de su padre, un patriarca inglés; semejante competencia incluye el discurso de despedida, honrando la memoria paterna, ante la ajustada concurrencia de parientes y amigos cercanos.
Desde la perspectiva del director Frank Oz (“The Stepford Wifes” / “Las Mujeres Perfectas”), digno discípulo del titiritero Jim Henson y célebre demiurgo del porno argentino quien dotó de movimiento y voz-, y el hilarante guión de Dean Craig, la aciaga mañana de Daniel terminará transformándose en un desopilante y titánico esfuerzo por tratar de preservar el decoro que la circunstancia demanda. Tamaña tarea para un desprevenido sucesor, especialmente cuando los preparativos de la ceremonia sean inaugurados con un féretro -léase, un cuerpo- equivocado .
Sin embargo, Daniel no está solo; regresando desde Nueva York, está el egoísta Robert (Rupert Graves, el memorablemente volátil Freddy Honeychurch de “A Room with a View” / “Un Amor en Florencia”), hermano de aquél, cuyo irreverente desinterés a la hora de asumir compromisos familiares resulta abrumador para Daniel. Si a ello se le suma la omnipresente fama de Robert como célebre novelista en contraposición a los pre-fallidos intentos de su hermano por seguir sus mismos pasos, pareciera que, en tales circunstancias, el aporte fraternal de Robert consiste en hacer sentir a Daniel doblemente miserable.
Oz y Craig trabajan en la base de la -very british- comedia negra, en parte desde la farsa, con un entramado de situaciones (asentadas en las relaciones emocionales entre ‘relatives’) en la que los personajes se comportan de modo pintoresco aunque siempre conservando una cuota de credibilidad; y en parte desde un slapstick gobernado por el absurdo y la excentricidad.
Pero por sobre todo, lo que hace que “Un Funeral de Muerte” sea digna de ver es la solidez de un meritorio reparto, felizmente amalgamado: además de Graves y MacFadyen tenemos a Alan Tudyk (“A Knight’s Tale” / “Corazón de Caballero”) como Simon, el novio de la sobrina del fallecido, la primer víctima de una involuntaria ingesta de alucinógenos; Daisy Donovan como Martha, la sobrina del difunto; Kris Marshall (el afortunado englishman in USA de “Love Actually” /”Realmente Amor”) como Troy, hermano de Martha e imprudente estudiante de Farmacia; Andy Nyman como Howard, el otro primo, cuya hipocondría lo hace ideal para lidiar con las nanas del Tío Alfie; Ewen Bremner (“Trainspotting”) como Justin, el infeliz compañero de andanzas de Howard quien intenta tomar ventaja de la situación familiar para recuperar el corazón (o cuerpo) de Martha; Peter Vaughan (un actor inglés de tradición y carácter, quien encarnó xvideos al inolvidable William Stevens en “The Remains of the Day” / “Lo que queda del Día”) como el Tío Alfie, el agudo e impedido anciano que termina estando “un paso más allá” de toda la comitiva; y Peter Dinklage como un efectivísimo , un diminuto y misterioso personaje, portador de un secreto familiar verdaderamente desconcertante.
Efectivamente, pareciera que todo funeral cuenta con un perfecto desconocido auto-convocado. Este funeral lo tiene a Peter, deseoso de revelar su costosa confidencia con fines de extorsión, situación que disparará toda serie de variopintos enredos toda vez que un frasco de alucinógenos se va cobrando, accidentalmente, más impensados damnificados.
Sin embargo, más allá del género de comedia, en “Un Funeral de Muerte” subyace el tema de la disfuncionalidad familiar, y es en ese marco donde redtube Daniel y Martha terminarán haciendo públicas sus revelaciones personales, encontrando alivio en medio de la shockeante situación y sus desopilantes contornos. Ello hace que la historia del film realmente sea bien intencionada, más allá de lidiar con cuestiones incluso más escatológicas que la muerte misma.
Filmada en The Ealing Studios, donde tuvieron lugar las “Ealing Comedies” más grandes de la Inglaterra desde los años ‘50 (como, entre otras, “The Ladykillers” / “El Quinteto de la Muerte” y “The Man in the white suit” / “El Hombre vestido de blanco”), “Death at a Funeral” no podía haber tenido mejor sede que ésta.